Siria aplasta la revuelta

ARA, 23 de abril de 2011

El régimen reprime las protestas y provoca decenas de muertos entre los manifestantes

Decenas de miles de sirios se manifestaron ayer para exigir el fin de la dictadura. A pesar de las promesas de reforma del régimen de Bachar el Asad, entre 30 y 70 manifestantes murieron por la represión del régimen.

DAMASCO. Una barahúnda de gente recorre atemorizada los callejones del barrio cristiano de la ciudad vieja de Damasco. Empujan a niños y mujeres hacia el interior de las casas, mientras los hombres cierran los comercios y organizan comités populares de vigilancia y defensa, haciendo acopio de palos, porras e incluso hachas. “Tú, en esa esquina”, indica un cura maronita a uno de los jóvenes que le acompañan. “Tú, en esa otra. Ya sabéis, avisad si veis algún movimiento extraño”. El pánico se extiende rápidamente entre estas comunidades minoritarias que apoyan abiertamente al régimen de Bachar el Asad después de que una ráfaga de disparos rompiera el tedioso ritmo del Viernes Santo. “No os preocupéis, son sólo adolescentes en paro”, responden unos vecinos a las preguntas de los escasos turistas. “Dicen que quieren libertad. ¿Qué sabrán ellos de la libertad?”.

Desde terrazas y balcones grupos de mujeres y niños, algunos portando prismáticos, escudriñan el horizonte a derecha e izquierda. Parece que el peligro llega de extramuros, donde se expande la capital, donde resuena el reclamo de los muecines y el eco de los altercados del sexto viernes consecutivo de violencia en Siria. De nada han servido las medidas populistas adoptadas por el presidente El Asad las últimas semanas. Ni siquiera el levantamiento de la Ley de Emergencia que durante 48 años ha dejado en Siria decenas de miles de prisioneros políticos, represaliados y desaparecidos perece satisfacer las expectativas de los manifestantes. “No confiamos en este gobierno”, dicen los grupos disidentes en sus comunicados. “Nuestras demandas van más allá del levantamiento de la Ley de Emergencia. Queremos la liberación de todos los presos políticos y el cambio completo de la Constitución, incluido el artículo octavo”. Dicho artículo proclama al partido Baaz como el único capaz de liderar el Estado y la sociedad siria, impidiendo la normalización de la vida política.

El régimen amenaza

El ministerio de Interior sirio continúa recomendando a los ciudadanos que no apoyen las protestas y ha advertido que tomará todas las medidas legales vigentes para impedir que continúen. A preguntas de la cadena de televisión Al Yazira, la portavoz del ministerio de Información, Reem Haddad, ha concretado que “si los manifestantes disparan contra las fuerzas de seguridad, los agentes responderán disparando”. No obstante, las informaciones que los activistas hacen llegar vía telefónica o a través de Internet –un medio caro y con poca penetración en Siria– sugieren que las fuerzas de seguridad han abierto fuego contra manifestaciones pacíficas tras negarse los congregados a dispersarse.

“Vimos dos francotiradores en el edificio. Ninguno de nosotros tenía armas. Hay heridos, posiblemente dos muertos”. Testimonios como este se extienden como la pólvora por las calles de la capital. A causa de la práctica ausencia de periodistas acreditados, la censura sobre los medios autóctonos, y las dificultades para moverse sobre un terreno cada vez más plagado de controles militares es difícil corroborar los hechos de primera mano. Según las informaciones recogidas por  diversas agencias de información las protestas del viernes se han extendido por la práctica totalidad de la geografía siria. Especialmente virulentos parecen los hechos acontecidos en la ciudad de Homs, con 700.000 habitantes, en el centro del país. También en Banias, en la costa mediterránea, y en el distrito de Deraa, fronteriza con Jordania, se han documentado tiroteos de las fuerzas de seguridad y de las milicias baazistas contra los manifestantes dejando numerosos heridos y algunas bajas, todavía por confirmar. El gobierno, por su parte, ha denunciado la muerte de diversos miembros de las fuerzas de seguridad a manos de bandas armadas con ayuda de los “enemigos extranjeros”. Mientras, en paralelo, familiares de soldados muertos denuncian que son ejecutados por sus superiores al negarse a disparar contra la multitud.

Se esperan unas jornadas agitadas. El régimen ha dejado claro que las reformas eran la línea roja. Y mientras, en las calles de Damasco, autobuses repletos de jóvenes armados con palos y porras, siguen coreando incansables: “¡Sólo Dios, Siria y Bachar”.

MONICA LEIVA - 23 abril 2011 - ARA-page-001

 

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