El régimen sirio envía los tanques a aplastar la revuelta popular

ARA, 26 de abril de 2011

Al menos 18 muertos en los primeros ataques con vehículos militares contra los opositores.

El régimen sirio ha enviado tanques a Deraa, la ciudad del sur del país donde empezaron las protestas, para reprimir la revuelta. Según las organizaciones de derechos humanos, hay 18 muertos por el fuego del ejército.

DAMASCO. Un grupo de jóvenes se arremolina entorno a la pantalla de un ordenador en un cibercafé de Damasco. “¿Eso está pasando en nuestra casa?”, pregunta uno de ellos, incrédulo, ante la posibilidad de que la infantería se haya desplegado realmente en Deraa, la población donde el 18 de marzo tuvieron lugar los primeros enfrentamientos entre disidentes y fuerzas de la seguridad. “Esto no es Afganistán y tampoco es Iraq, es Deraa”, dice un activista mientras graba el vídeo en el que aparecen varios tanques y tropas sirias desfilando y abriendo fuego en las calles de esta población agrícola de 75.000 habitantes, cercana a la frontera con Jordania.

“Estoy muy preocupado”, comenta un comerciante de Deraa que trata de regresar a casa desde el viernes. “Los teléfonos no funcionan, no hay electricidad y parece que han cerrado la frontera con Jordania”. Aprovechando el cobijo de la noche, el ejército sirio ha desplegado en Deraa centenares de soldados con tanques y vehículos blindados. “Desde los minaretes de las mezquitas se pide ayuda. Las fuerzas de seguridad están entrando en las casas, hay toque de queda y disparan a todo lo que se mueve. Incluso disparan a los depósitos de agua en las terrazas”, explica un testimonio recogido por las agencias de noticias.

Según otros vecinos, los cadáveres y los heridos eran visibles en las calles próximas a la mezquita de Al Omari después de que ocho tanques y dos vehículos armados se desplegaran en el corazón de la ciudad vieja de Deraa. “Nadie puede acercarse para arrastraslos”.

En Duma, una población de 600.000 habitantes, 15 kilómetros al norte de Damasco, la situación parece “dramática”. Según testimonios recogidos por France Presse, las patrullas de la fuerzas de seguridad “han impedido que la gente saliera de casa ni siquiera para comprar el pan”. Los centros educativos, las tiendas y las oficinas están cerradas y las comunicaciones telefónicas prácticamente cortadas. No se pueden celebrar ni los funerales. También llegan testimonios parecidos de otros lugares del país, como Jableh, en la costa mediterránea, y en el barrio de Harasta, en Damasco, se ha denunciado la presencia de francotiradores.

Detenciones masivas

En paralelo, las autoridades llevan a cabo olas de detenciones en estas y otras poblaciones sirias donde se han llevado a cabo movilizaciones las últimas semanas. Según Wissam Tarif, de la organización siria Insan por los derechos humanos, al menos 221 personas habrían sido detenidas ayer en todo el país.

Ante la crudeza de los hechos, un amplio grupo de 102 intelectuales y otras personalidades sirias han plasmado su firma en un documento de condena. “Hemos roto la barrera del miedo para hacer una declaración clara y concisa: condenamos la violencia y las prácticas opresivas del régimen sirio contra los manifestantes y a la vez lloramos por los mártires del levantamiento”. Entre los firmantes del texto hay personalidades sirias destacadas como el expreso político Loay Hussein, las escritoras Samar Yazbek y Hala Mohammad o el director de cine Mohammad Ali Attassi.

La máxima responsable del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Navi Pillay, ha pedido contención al gobierno sirio y ha solicitado una investigación para aclarar la muerte de cerca de un centenar de opositores el viernes. Mientras tanto, el gobierno y la presidencia de siria continúan culpando a grupos armados de la muerte de los manifestantes.

Ajeno a las críticas, el régimen de Bachar el Asad parece haber cambiado de táctica, optando por cortar de raíz una revolución que ha causado ya más de 350 muertos en las últimas seis semanas. “Esto no es Egipto, no es Túnez, el equilibrio de fuerzas aquí es mucho más delicado y hace falta un gobierno fuerte que evite que nos matemos entre nosotros”, justifican los simpatizantes baazistas. “Ya lo veréis. La situación estará controlada como máximo en un mes”, vaticinan.

MONICA LEIVA - 26 abril 2011 - ARA-page-001

 

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