El 64 aniversario de la Nakba: la lucha contra el olvido

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Cada quince de mayo se conmemora el día de la Nakba, la “catástrofe” que marcó el principal y más doloroso hito de la historia contemporánea del pueblo palestino. La guerra de 1948, que conllevaría la creación del estado de Israel, empujó a más de 700.000 palestinos al exilio. El tejido social palestino quedó arrasado y sus aspiraciones nacionales también. Alrededor del 80% de la población que había habitado y trabajado durante siglos la tierra de sus ancestros –ahora bajo dominio de Israel– perdió sus posesiones y sus medios de vida, convirtiéndose en refugiados, a la espera de una solución política. Sesenta y cuatro años han pasado desde entonces y el mundo sigue sin saber qué hacer con los más de cinco millones de descendientes de aquellos primeros exiliados filisteos y de otros que seguirían sus pasos en 1967.

Los primeros años los refugiados palestinos vivieron en tiendas de campaña como estas de Naher al Bared, al norte de El Líbano. Foto: UNRWA, Jack Madvo, 1951.

Los palestinos constituyen la población refugiada más numerosa y antigua del planeta. La singularidad de su caso (sus casas y propiedades han sido arrasadas y/o pertenecen ahora a colonos judíos y sus descendientes) ha sido reconocida a través de la creación de la Agencia de la ONU para los Refugiados de Palestina (UNRWA). Jordania, Siria, El Líbano, Gaza y Cisjordania acogen a los cinco millones de refugiados registrados en la actualidad en 64 campos de refugiados, muchos de ellos técnicamente guetos. Cada país aplica distintas regulaciones a la población palestina, siendo en El Líbano donde sobreviven en peores condiciones, sin derechos civiles ni sociales y con un acceso muy limitado al empleo y a los servicios públicos.

Visitar uno de esos lugares olvidados es revelador porque sacude violentamente la conciencia occidental y su visión complaciente de un orden humano y político justo y moral. El paisaje que se abre ante nosotros es de tonos grises, una masa compacta de bloques de cemento, techos de uralita y callejones retorcidos donde difícilmente entra un rayo de sol. Una maraña de cables eléctricos suele cubrir las callejuelas por las que pacen a sus anchas las aguas fecales, los niños descalzos y los gatos salvajes. Una alambrada suele rodear el perímetro de los guetos y algunos de ellos están custodiados militarmente. No hay plazas, ni parques, ni el más mínimo sentido de armonía. Y aún así, hay belleza en los corazones de los refugiados. En su pose de dignidad, en su modo de sonreír, de dar los buenos días; en su exquisita hospitalidad, en el amor hacia sus hijos, y en sus sueños y esperanzas.

Con el paso del tiempo, se levantaron habitáculos y se fueron masificando. En la imagen, callejones de Burj el Barajneh (El Líbano) en los años 1980. Foto: UNRWA.

Son gente intensa, los palestinos sin patria. Supervivientes de la limpieza étnica, del desarraigo, del expolio, de la supresión de los derechos más básicos, de las masacres y la persecución, de los radicalismos y las guerras; del miedo y la incertidumbre. Y del abandono. Si nadie te recuerda, es como si no existieras. Por eso la lucha contra el olvido, el combate por la memoria, es la principal arma de estos parias del mundo. Reconocer la memoria histórica palestina, su pérdida y su infinito dolor no sólo es de justicia sino necesario para afirmar su identidad, aliviar su trauma y reafirmar sus demandas políticas y sociales de reparación y derecho al retorno. Que 64 años después millones de refugiados palestinos sobrevivan en condiciones deplorables y sin perspectiva alguna de futuro debería hacer enrojecer a los líderes árabes, sí, pero, por encima de todo esa realidad pone en duda la moralidad del proyecto sionista y evidencia el fracaso de la humanidad ante los valores expresados en el preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

El mundo ha tardado tiempo en reconocer el drama del pueblo palestino y todavía no alcanza a comprender la magnitud del trauma causado por la Nakba. La intensidad del recuerdo de esa experiencia colectiva es tal que persigue a cualquier descendiente de palestino, esté donde esté, empujándolo a una existencia en ocasiones melancólica y dolorosa. Fue el caso de Edward Said, de Mahmoud Darwish y de tantos y tantos palestinos que viven, anónimos, entre nosotros. La Nakba es ese punto obsesivo al que todo palestino regresa al echar la vista atrás, una y otra vez. Por eso es tan importante reconocer su dolor para evitar su locura. La Nakba es la raíz del problema del conflicto entre árabes e israelíes y hay que empezar por reconocer el trauma para poder encontrar el tratamiento adecuado.

Este año en Estados Unidos, Europa y el mundo árabe se vuelve a conmemorar la Nakba. Lo mismo ocurre en Israel, pese a que el Tribunal Superior de Justicia dio luz verde en enero a la controvertida Ley de la Nakba que permite sancionar económicamente a los organizadores de tales actos de conmemoración (que suelen coincidir con los del Día de la Independencia israelí). Este año, la propia Universidad de Tel Aviv, cuyo campus se levantó sobre las tierras y las casas del poblado palestino de Sheikh Muwanis ha querido reconocer el dolor de la pérdida de Palestina, entre acaloradas polémicas y altercados. Apenas quedan cuatro lápidas en el cementerio de Sheikh Muwanis y una sola construcción, la Casa Verde, que ha sido convertida en un club para estudiantes. Los campos de azahar desaparecieron hace tiempo. Pero quedan algunos árboles de gran tamaño todavía, vivo testimonio de las manos que antaño los plantaron con el anhelo de gozar algún día de su generosa sombra.

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7 comentarios sobre “El 64 aniversario de la Nakba: la lucha contra el olvido

  1. Gracias Mónica por tu articulo, te felicito por la manera narrativa que has desarrollado nuestra Nakba, llega al alma de cualquier ser humano con sentido común, con ello me ha hecho sentir la tristeza profunda de mis padres, por no haber podido visitar su pueblo Sheikh Muwanis antes de que muriesen refugiados.
    Aun así, es triste también después de 64 años de limpieza étnica, que siga habiendo muchísima gente que duda de este gran crimen que padeció nuestro pueblo Palestino, Son 64 años y el mundo aun sigue durmiendo.
    Un abrazo.

    Hammad Alzayat
    http://www.kabara.org
    http://www.facebook.com/Kabararestaurant

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  2. La ignominia continúa. Y a pesar de todo este pueblo digno y luchador sigue sobreviviendo en un océano de abandonos e injusticias. Mil penurias acompañan su camino cuyas cunetas están regadas con sangre de compatriotas. Pero no caerá en el olvido su lucha. No, al menos, para quienes confiamos en los Derechos Humanos como vehículo para la construccion de un mundo más justo.
    Muchas gracias Mónica
    Saludos

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