Egipto, ¿democracia o espejismo?

This article is also available in English

Las elecciones presidenciales de Egipto son un motivo de regocijo y celebración. Ver en nuestras pantallas el entusiasmo con que millones de egipcios se han lanzado a participar en los primeros comicios presidenciales libres de su historia contemporánea independiente nos recuerdan las imágenes no tan lejanas de nuestros padres y abuelos, que vivieron con intensidad y emoción aquel 15-J de 1977. Sin embargo, no hay que confundirse: un proceso electoral abierto y transparente no implica el fin del autoritarismo. Los procesos electorales pueden cumplir un papel meramente formal si los cargos electos carecen de competencias y atribuciones, y si los esquemas legales vigentes no se adecuan a las demandas de la ciudadanía. Para comprender si el cambio democrático es posible en Egipto hay que poner entre paréntesis la imagen de los colegios electorales y pararse a observar el contexto más amplio en el que está sumido el país.

  • Egipto sigue a día de hoy gobernado, en última instancia, por un Junta Militar. Desde que Gamal Abdel Nasser liderara el golpe de estado de 1952, Egipto ha sido gobernado por las élites militares, la clasemás privilegiada de la sociedad, acostumbrada, junto con los cuerpos policiales, a la protección de la
    Una multitud celebra entre tanques del Ejército egipcio la caída de Hosni Mubarak en febrero de 2011. Foto: AFP

    impunidad, la corrupción y la arbitrariedad. El intento de Hosni Mubarak de renovar paulatinamente esa vieja guardia burocrática y militar por otra nueva de cariz económico liberal (bajo el mando de su hijo Gamal) sembró la discordia dentro del partido gobernante, el Partido Nacional Democrático (PND), tras las elecciones legislativas de 2000. La vieja guardia llevaba una década sintiendo sus privilegios amenazados y justo entonces llegó la revolución de 2011, la cobertura perfecta para deshacerse de los Mubarak y recuperar el poder perdido. El golpe de Estado perfecto. Han pasado quince meses desde que el pueblo egipcio abrazase a los tanques de la nación en un acto de catarsis colectiva. Los nuevos revolucionarios pensaron que caído el dictador, caía la dictadura pero muchas balas han llovido desde entonces. Es evidente que la Junta Militar no piensa avanzar, por lo menos de manera acelerada, en el sentido de una liberalización política.

  • Las condiciones económicas y sociales que llevaron a los revolucionarios a gritar “pan, libertad y justicia social” siguen retrocediendo. Al viajar por Oriente no es difícil cruzarse con alguno de los millones de emigrantes egipcios que se han visto obligados a abandonar sus hogares en pos de una vida mejor. Mientras que los libaneses, los palestinos, los jordanos, emigran mayoritariamente como mano de obra cualificada a los países del Golfo, los egipcios ocupan el escalafón social más bajo, seguidos sólo por los emigrantes del sureste asiático. Lo que en la última década ha llevado al pueblo egipcio a convertirse en los bufones y porteros del mundo árabe se explica en gran medida por la acelerada liberalización económica que empezó a mediados de los años 1970 pero que la nueva guardia, más preocupada por los beneficios económicos que por los efectos sociales de sus políticas, ha acelerado de manera desmedida en la última década. La sanidad, la educación, la comunicación y la construcción han sido monopolizados por los amigos magnates de Gamal Mubarak. A ello se le suma que los militares siguen controlando entre el 20 y el 40 por ciento del sector productivo egipcio. La clase media, otrora mayoritaria, se ha reducido hasta casi desaparecer. La revuelta, además, ha supuesto una reducción en los ingresos por turismo e inversión directa, a lo que se le suma el retroceso del flujo comercial a través del Canal de Súez por la crisis mundial. La pobreza es abrumadora.
  • La brecha social sigue agrandándose. Si hay algo que defina en el siglo XX el proceso de cambio social del mundo árabe, en general, y de Egipto, en particular, es la brecha aparecida en el seno de su
    Las fuerzas de seguridad abren fuego contra manifestantes cariotas que piden la implantación de un estado civil en sustitución del militar. Noviembre de 2011. Foto: Peter Macdiarmid/Getty Images.

    sociedad entre los defensores de lo “tradicional” y lo “moderno”. Difícilmente encontraremos un ciudadano árabe en contra del “desarrollo” y la “libertad” pero esos conceptos encierran diferentes interpretaciones para los que defienden un modelo de sociedad más acorde con los valores tradicionales y religiosos, y aquellos que prefieren la construcción de una sociedad plenamente moderna y secular. Las formaciones islamistas se han beneficiado durante décadas del voto de castigo a los regímenes déspotas en el poder. Los dictadores han percibido a los islamistas como una amenaza para sus intereses y Occidente también. Experiencias como la de Argelia, en 1990, o los Territorios Ocupados de Palestina, en 2006, ilustran cómo la prioridad de los países occidentales ha sido frenar el ascenso del islam político y asegurar sus intereses en la zona, aún a costa de la democratización del mundo árabe. Pero más allá de las tensiones y las pugnas externas (que existen y deben considerarse en su justa medida) la cuestión radica en si los líderes egipcios (y, de paso, los medios de comunicación) serán capaces de fomentar la reconciliación social entre “tradicionalistas” y “modernistas”, evitando el enfrentamiento civil.

Lanzarse, de verdad y con todo ímpetu, a desmontar décadas de autoritarismo y enterrar lo irreformable es algo muy difícil que requiere líderes valientes y un ambiente regional e internacional que lo promueva. En España lo sabemos muy bien. Pero Egipto es un escenario muy distinto. Para empezar, quienes depusieron a Hosni Mubarak en febrero de 2011 no fueron las masas de gente harta de tanta impunidad y pobreza, sino los militares que veían peligrar su privilegios. La cúpula del Ejército se considera la legítima heredera de esa “primavera egipcia” y los hechos lo demuestran: gran parte del régimen de Mubarak sigue en pie quince meses después y la nueva Constitución de Egipto está todavía por escribirse. El pueblo está impaciente por acceder a una vida mejor que no llega y la crispación entre “islamistas” y “modernistas”, y las diferentes comunidades religiosas, está alcanzando cuotas inimaginables. No se puede descartar más violencia.

Sin embargo, la celebración de las elecciones presidenciales de manera aparentemente libre demuestra que la Junta Militar también está sometida a tensiones internas y externas. Es lo que tiene la democracia: no se puede imponer por la fuerza. Tiene que partir del convencimiento de los que ostentan el poder de que no hay otro camino posible, aunque ese camino no les guste. Pasará un tiempo antes de que veamos si la democracia en Egipto se transforma en realidad o se queda en espejismo. Pero una cosa es cierta: hundir el autoritarismo en Egipto no llegará sin oleaje.

Anuncios

6 comentarios sobre “Egipto, ¿democracia o espejismo?

  1. En primer lugar enhorabuena por el blog. Por fin un espacio donde leer información que atiende a los verdaderos matices, sin grandes titulares, sin grandes reducciones que simplifiquen el problema. Enhorabuena y gracias. Permíteme, aunque gran desconocedor de la realidad que describes, que comparta contigo algunas cuestiones que me han surgido al albor de lo que se ha venido a llamar “primavera árabe”.
    En primer lugar mucho me temo, ante la pregunta que formulas en el título de tu entrada, que la respuesta es: espejismo, por lo que leo, escucho y confirmo con tu texto. Si además, tal y como comentas, la educación y los servicios fundamentales del estado que pudieran ayudar a la emancipación de los ciudadanos están en poder de la cúpula militar….mala cosa.
    Desde hace tiempo me surgen varias cuestiones que trataré de resumir en dos bloques: 1) ¿Se sabe algo acerca de la existencia de disensiones en el seno del ejército? ¿Permite la estructura del mismo la existencia de éstas? ¿existe lo que podríamos denominar una especie de “nueva generación de militares”? y 2) Ante el temor occidental a una verdadera capacidad democrática que pueda beneficiar al islamismo (moderado o no), ¿es razonable pensar que occidente ha quitado a un hombre de paja para poner otro? ¿Quiere occidente verdaderamente una democracia en una sociedad aún anclada mayoritariamente al tradicionalismo religioso?
    Creo poder intuir la respuesta a ambas preguntas pero me interesa tu punto de vista.
    Es cierto que las nuevas tecnologías parecen acelerar la comunicación entre sociedades dispares y la germinación de determinados movimientos pero, ¿es posible que un estado se haga verdaderamente democrático en un lapso de tiempo relativamente corto? ¿Permite la historia de Egipto una verdadera transición no violenta, precisamente, en una coyuntura internacional donde parece imposible el único desarrollo verdaderamente liberador: el económico? (algo comentas del incremento de la brecha entre clases en Egipto)
    Mal escenario para lo egipcios…y precisamente ellos, me parece, no son los que peor lo tienen.

    Me gusta

    1. Hola Polifemo,
      Gracias por tu participación. Verás, las cuestiones que planteas son fundamentales para tratar de predecir hacia dónde se precipita Egipto. Es lo que querríamos saber todos, aunque, en realidad, sólo podemos aspirar a entender el pasado y, con un poco de suerte, el presente.
      Por lo que dices en la primera pregunta, entiendo que te preocupa saber si podría llegar a darse un golpe de Estado en Egipto. Personalmente creo que lo que ocurrió en febrero de 2011 ya fue un golpe de estado militar. Silencioso, pero golpe. La Constitución egipcia se disolvió con la deposición de Mubarak y, a la práctica, una Junta Militar dirige el estado desde entonces con una Constitución interina aprobada por referéndum en marzo de 2011 (por aquel entonces el pueblo, pletórico y eufórico, todavía veía en el Ejército a un socio honesto dispuesto a guiarles hacia una vida mejor en libertad). Desde entonces, el nuevo parlamento (con mayoría de diputados islamistas) ha sido incapaz de alcanzar el consenso sobre una nueva Constitución. Sin Constitución, no queda claro incluso qué poderes tendrá el nuevo presidente egipcio que saldrá de la segunda ronda de las elecciones presidenciales. El caos y el vacío político es el escenario ideal para la Junta Militar porque pueden prolongar su misión (y sus privilegios) bajo el pretexto de garantizar la seguridad interna.
      Por el momento, la ayuda económica norteamericana consignada por mantener los acuerdos de paz con Israel sigue fluyendo, pero eso sólo ha repercutido al pueblo en la adopción de medidas populistas por parte del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas como subsidios directos a los productos básicos y en un aumento del sueldo de los funcionarios. Únicamente migajas.
      Como ves, por el momento, nada hace peligrar el poder y los privilegios del los militares, por lo que es difícil pensar que puedan existir divisiones entre ellos. Cualquiera que piense de otro modo, simplemente, es eliminado del juego. La tarta sigue siendo lo suficientemente grande para todos y, de momento, sólo ellos tienen el control de la fuerza bruta.
      Sobre tu segunda cuestión, personalmente pienso que las revoluciones árabes han pillado a “Occidente” a traspié. Pero tienes razón: “Occidente” (y los propios regímenes árabes) teme a los islamistas (moderados o no). Durante décadas, evitar el ascenso de los mismos ha sido su prioridad, por encima de la democratización de los pueblos y sus derechos fundamentales. Se han hecho auténticas barbaridades y podrían repetirse, con (o sin) la connivencia de los líderes locales. A río revuelto, ganancia de pescadores. Todos los actores implicados (orientales o occidentales) están tratando de mover los hilos para favorecer un escenario que proteja y promueva sus intereses. Unos quieren que la paz con Israel se mantenga a cualquier precio, otros que el Canal de Suez siga funcionando, otros muchos, entre ellos los regímenes árabes déspotas, que Egipto no siente un precedente democrático en la zona y otros, como los líderes militares que ostentan en el poder, perpetuar sus privilegios. Hay muchos más intereses en juego. Unos se dejan querer, otros están dispuestos a pagar por conseguir favores. Desgraciadamente, lo que menos importa en toda esta ecuación es lo que quiere el pueblo egipcio que tiene pocas armas más que su propia sangre.
      Espero que esto haya respondido tus inquietudes.
      Un abrazo,
      Mônica

      Me gusta

  2. Muchas gracias por una respuesta tan completa. Efectivamente, la cosa tiene mala pinta para los de siempre. Demasiados intereses involucrados. Lo más lamentable es que en un escenario tan lúgubre para el pueblo egipcio occidente está jugando a dos bandas: ocultar sus intereses tras una pretendida, e hipócrita, expansión de la democracia para favorecer un cambio de régimen. Probablemente el mantenimiento en el poder de Mubarak era ya demasiado longevo y escandaloso y nada como “la democracia” para mover un par de piezas. No en vano se está usando en todo el mundo para justificar el alza de otros tiranos. El único elemento con que no pudiera contar occidente es con que la llama de la libertad prendiera verdaderamente en el pueblo egipcio. Pero entre los islamistas, por un lado, que darán la excusa perfecta para rechazar cualquier gobierno democráticamente electo enemigo de los intereses occidentales y la escasez de medios del pueblo, me temo que les queda ejército para rato.

    Me gusta

  3. Lo que esta sucediendo en Egipto desde enero de 2011, y en otros países árabes en fechas aproximadas – no sé cómo denominarlo, lo de primavera está bien para las justas poéticas y el sufrimiento no está para salicios y nemorosos, los muertos árabes no gozan de buena salud- pone sobre el tapete una cuestión: cuál sea el camino de las sociedades árabes hacia regímenes más justos.
    En los medios de comunicación periodistas, analistas, profesores y una caterva sesuda expresa su deseo de que los países árabes alcancen regímenes democráticos. El lenguaje siempre expresa relaciones de poder. A veces, el mismo análisis se convierte en un ejercicio de indecencia.
    El actual modelo político occidental es producto de un determinado proceso histórico que tiene unos hitos de todos conocidos. Es el modelo de los países que llamamos desarrollados, que han sometido a buena parte del mundo, y que no son ajenos a los conflictos actuales que viven los países árabes. Hasta hace poco tiempo el pudor impedía reconocer que los intereses económicos son el motor de las acciones civilizadoras. Hoy, ya, ni eso.
    La historia de las sociedades árabes es ajena, cuando no contrapuesta, a las estructuras que se han desarrollado en el mundo de los que dictamos las pautas políticas a seguir. Para un gran parte de las personas árabes sus creencias religiosas, sus costumbres sociales, las formas de relación, el significado y función de la familia, la relación con el poder forman parte de la naturaleza de las cosas. Es evidente que muchos valores y las prácticas sociales anejas, nos repugnan, especialmente las que conciernen a cuestiones de género. Pero también es cierto que algunas de estas prácticas sociales han sufrido un cambio importante en los últimos años al que no es ajeno la actuación de las antiguas potencias mandatarias.
    Tendrán que ser los propios países árabes los que desde sus propias estructuras económicas, políticas, sociales, culturales, mentales, etc., y con la dialéctica que las distintas fuerzas en presencia desarrollen en cada momento, los que construyan sociedades que satisfagan sus aspiraciones. Los demás, aquí una dosis de utopía, a ayudar de manera absolutamente desinteresada.
    ¿Es esto posible? Lo dudo, en un mundo, o en una sociedad, dividido en clases, la dominante solo permitirá aquello que redunde en su propio beneficio.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s