El Líbano, ¿en riesgo de guerra civil?

Este verano he regresado a El Líbano. La última vez que estuve de visita fue en el 2008 y aunque desde entonces ha llovido mucho el país sigue siendo un perfecto ejemplo de caos social y político; un no-estado caricaturesco y, a la vez, entrañable. Oficialmente la República Libanesa existe, tiene unas fronteras internacionalmente reconocidas y un asiento en la ONU. Sin embargo, el Parlamento es poco más que un bonito edificio y el Gobierno, un mero órgano administrativo incapaz de ejercer la soberanía sobre el territorio y ofrecer los servicios públicos básicos (por ejemplo, suministro eléctrico, agua corriente o seguridad) con una mínima garantía. Aún así, El Líbano no es un estado fallido a la somalí. A primera vista, imprime una cierta modernidad, organización, incluso eficiencia. Y es que poderosos clanes familiares, grupos tribales, estamentos religiosos, “patrones” extranjeros, mafias, milicias armadas, el sector privado y una activa sociedad civil llenan el vacío que dejan las instituciones centrales. Algunos lo hacen con una cierta competencia, otros, sin más, ejercen la tiranía sobre el grupo de población al que dicen representar.

Entrar a analizar por qué los libaneses (por lo general, cultos y liberales) sobreviven anclados en una dinámica sectaria y de vasallazgo semi-feudal y religioso nos obligaría a retroceder varios siglos y analizar a fondo su complejo mosaico étnico, social y religioso (19 credos religiosos y diversas etnias conviven en poco más de 10.000 kilómetros cuadrados) sin olvidar, claro está, los condicionantes geopolíticos del Oriente Próximo contemporáneo. Así que para aquellos que estáis interesados en conocer algo de la historia y funcionamiento de este peculiar rincón del planeta os recomiendo que leáis al historiador libanés de referencia, Kamal Salibi (“A house of many mansions: the history of Lebanon reconsidered”), y a los contemporáneos Fawwaz Traboulsi o, más controvertido, Georges Corm. Mi objetivo en esta entrada es más bien tratar de responder a la insistente pregunta que me he encontrado a mi regreso a casa: ¿Se encuentra El Líbano en riesgo de guerra civil, arrastrado por la dinámica de la vecina Siria?. Una vez más, me vais a permitir que matice mi respuesta.

La actual situación política y social en El Líbano es muy dura, en algunas zonas, dramática. Existen

La crisis humanitaria de los refugiados en El Líbano es acuciante.

elementos que hacen rememorar a la población el inicio de la longeva guerra civil libanesa (1975-1990): múltiples secuestros, milicias familiares fuertemente armadas y a intervalos visibles en las calles de algunas poblaciones, altercados callejeros, asesinatos, cortes de carreteras, evacuación de extranjeros, enfrentamientos armados sectarios… No son pocos los libaneses con recursos que están abandonando el país, temerosos de quedar atrapados en un nuevo ciclo de violencia sin fin. A todo ello, se le suma el inasumible aluvión de refugiados provenientes de Siria (que se suman a los cientos de miles de refugiados palestinos e iraquíes que viven asentados desde hace tiempo en la República del Cedro) que llegan muy debilitados y necesitados y han desbordado con creces las posibilidades y recursos de la solidaridad familiar, civil e institucional libanesa. Los pedigüeños están por doquier; su pobreza es apabullante.

Sin embargo, pese a la situación de emergencia humanitaria y los brotes esporádicos de violencia no he encontrado elementos que me hagan pensar que esta situación es diferente a las demás crisis que han azotado El Líbano en las últimas décadas; que los libaneses, nuevamente, tengan intención de saltar al precipicio por el conflicto de sus vecinos. Desde que la guerra libanesa acabara en tablas, han sido múltiples las ocasiones que han tenido de enfrascarse en una batalla fraticida total y no lo han hecho. Desafortunadamente, el tan-tan de los tambores de guerra son parte de la cruel dinámica de la paix libanesa que se repite sin cesar, una y otra vez: un suceso (violento o político) eleva las tensiones políticas, sectarias y sociales hasta cotas que parecen insostenibles a los ojos ajenos y propios; en las calles se producen enfrentamientos violentos, y luego, poco a poco, las tensiones se van suavizando hasta volver al nivel habitual de recelo, tolerancia y odio hacia “el otro”. Ningún grupo social o político se sabe con capacidad suficiente para someter a todos los demás a sus dictados por la fuerza, así que, después de enseñar músculo y cubrir de legitimidad su discurso con la sangre de nuevos mártires, retroceden nuevamente al burladero hasta la siguiente envestida.

En el caso que nos ocupa, sigue la misma dinámica. Sí, es cierto que la situación en el norte del país es

Una barricada con la bandera siria revolucionaria en Bab al Tebbaneh (Trípoli, El Líbano).

muy tensa, sobretodo entre las comunidades sunitas y alauitas (las mismas que lideran el enfrentamiento en Siria). En Trípoli se producen esporádicamente enfrentamientos armados de gravedad pero, de momento, la dinámica remite en varios días. Todo parece indicar también que desde el norte de El Líbano se introduce armamento, mercenarios y milicianos en territorio sirio y, cierto, también se han producido secuestros de civiles (sirios, turcos y libaneses) pero sólo con la intención de intercambiarlos por los libaneses e iraníes secuestrados en Siria por las fuerzas rebeldes. Los libaneses son expertos jugueteando con el caos, pero su historia les ha enseñado a ponerle ciertos límites.

Además, hay un último factor que me parece importante (sino clave) y es la preeminencia que en la actualidad tiene Hezbolá, política y militarmente en El Líbano. La actitud hasta el momento del Partido de Dios y de su milicia pro-siria ha sido la de tratar de apagar cuanto antes cualquier foco de tensión y violencia que ha aparecido dentro de las fronteras libanesas en prevención de escenarios catastróficos e incontrolables. Es cierto que en función de la evolución del conflicto en Siria Hezbolá podría reconsiderar sus intereses y su táctica, pero hasta ese momento no creo que exista un riesgo serio de guerra civil en El Líbano. Sí, la República del Cedro está haciendo frente a una emergencia humanitaria cada vez más compleja, y sí, su propia dinámica político-social y su debilidad estructural le llevará a seguir tensando y destensando la cuerda, para desesperación de los propios libaneses. Pero con los condicionantes actuales es difícil imaginar una dinámica de guerra interna.

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