El regreso de la deportada

Hace, ¿cuánto?, tres años que no atiendo mi diván. Eso es demasiado tiempo como para achacarlo a la maternidad, la hipoteca o la precariedad laboral. También está el escepticismo, las resistencias, el desamparo después de Siria. Todo eso es cierto, como lo es que yo soy otra, y vosotros también. ¿Podremos seguir bailando juntos?.

Regresé a Palestina a confrontar mi nueva yo ¿periodista, escritora, dinamizadora cultural?, neurótica en cualquier caso. Iba a trabajar, a contaros cosas interesantes, y sólo me enseñaron el calabozo. Los hechos están muy bien recogidos en la nota de prensa de Reporteros sin Fronteras. Pero la noticia no lo es todo. Con esa decisión totalmente aleatoria se rompió el hilo de las expectativas: la tumba de Fadel sigue desnuda, hay un hueco en la foto de graduación de Ahmad, el regalo de Ane y Telmo sigue en su envoltorio, la cena de Asmaa se aliñó con lágrimas y Manuel, Manuel se entristeció mucho. Y todo esa angustia del despojo que me oprime el pecho, esa no cabe en una nota de prensa.

No es una promesa. Sólo un aviso para navegantes.

Gracias por estar.

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